Akántaros es una entidad multicultural y multidisciplinar dedicada a la cultura, la educación por y para la infancia. Realizamos propuestas globales de naturaleza artística y educativa a través de una metodología basada en el laboratorio, como espacio de experimentación, creación, planificación.


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jueves

El arte también es un derecho infantil.


Queremos compartir este documento que ha elaborado el Teatro La Barraca-Testoni Ragazzi, de Bolonia, Italia, cuenta con el patrocinio de la Comisión Europea. Se presentó oficialmente como libro ilustrado y traducido en 27 idiomas, en el marco del programa inter europeo Small Size, durante el festival internacional de Teatro para Niños y Niñas, en Bolonia, en febrero 2O11.


Los niños y niñas tienen derecho a:

1. Acercarse al arte en todas sus manifestaciones: teatro, música, danza, literatura, poesía, cine, artes visuales y multimedia.

2. Experimentar con lenguajes artísticos como “saberes fundamentales”.

3. Tomar parte de los procesos artísticos que nutran su inteligencia y le ayuden a desarrollar, de modo armónico, su sensibilidad y sus competencias.

4. Desarrollar, a través del arte, la inteligencia corporal.

5. Disfrutar de producciones artísticas de calidad, creadas especialmente para ellos, teniendo en cuenta su edad.

6. Tener relación con el arte y la cultura.

7. Frecuentar las instituciones artísticas y culturales de su ciudad, tanto con la familia, como con la escuela, para descubrir y vivir todo lo que su entorno les ofrece.

8. Participar en eventos artísticos y culturales de manera habitual- y no de modo excepcional-a lo largo de su vida escolar y preescolar.

9. Compartir con su familia el placer de la experiencia artística.

10. Disponer de un sistema que integre escuela e instituciones artísticas y culturales porque solo un intercambio continuo puede ofrecer una cultura viva.

11. Frecuentar museos, bibliotecas, cines y otros lugares de cultura y espectáculos junto a sus compañeros de escuela.

12. Vivir experiencias artísticas y culturales acompañados de sus enseñantes, como mediadores necesarios para apoyar y valorar sus percepciones.

13. Una cultura laica, respetuosa con la identidad y la pluralidad.

14. La integración, en caso de ser emigrantes, por medio del conocimiento y disfrute en común del patrimonio artístico y cultural de la comunidad en que viven.

15. Proyectos artísticos y culturales diseñados teniendo en cuenta sus competencias.

16. Lugares diseñados y estructurados para acogerlos atendiendo a su edad.

17. Asistir a una escuela que sea una verdadera vía de acceso a una cultura amplia y pública.

18. A partir en las propuestas artísticas de su ciudad, independientemente de sus condiciones sociales y económicas, porque todos los niños tienen derecho al arte y a la cultura.

Artículo para la reflexión.


En el centenario del nacimiento de Miguel Hernández: 30 de octubre de 1910
Viento del pueblo
Por Mario Goloboff

En la poesía universal se han dado ejemplos de singular precocidad: el más conocido es el de Arthur Rimbaud, quien revolucionó la lírica moderna, si bien escribió solamente hasta los veintidós años y luego pasó a dedicarse con igual entusiasmo a la trata de esclavos en Africa, olvidando para siempre la literatura y el mundo. O más cercano todavía, el del peruano Javier Heraud, asesinado en el río Madre de Dios por sus actividades revolucionarias, con balas de las que se usan para matar fieras, cuando tenía alrededor de veinte. Poco se señala, en cambio, el caso de Miguel Hernández, aunque reviendo su itinerario vital y literario parece absolutamente increíble que haya muerto cuando sólo iba a tener 32 años.
Por los tiempos en que, saltando las altas barreras de la censura franquista, él llegó a nosotros, comenzaron mis felices contactos con la mejor poesía de la lengua, con mucho de lo mejor escrito en español. Fantástico tesoro que he transportado por décadas. Circulaba en la Argentina, casi como novedad editorial en el idioma (puesto que en España estaban absolutamente silenciados), lo que se fue plasmando como una tríada, una no pactada complicidad, un no pensado triángulo: don Antonio Machado, el sabio, el artesano, el orfebre, el purista, el trabajador, el perfecto, el tiernamente filosófico de “Meditaciones de un día” y de Juan de Mairena, ido a morir al exilio francés en Colliure, tras la derrota; Federico García Lorca, el grácil, el audaz, el algo loco, el genio, el musical y gitano, el desmedido, el muy surrealista y muy épico del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía”, brutalmente asesinado a poco del levantamiento franquista; y Miguel, el labriego, el pastor, el hombre de la tierra, el natural y el cósmico, el del fusil amado y armado, el amador, el combatiente, el de “Vientos del pueblo me llevan,/vientos del pueblo me arrastran,/me esparcen el corazón/y me aventan la garganta..”, muerto en las mazmorras del régimen el 28 de marzo de 1942.
Acaso por la política y por el amor (que en aquella época iban siempre juntos), llegamos a sus grandes sonetos: al erótico “Por tu pie, la blancura más bailable,/donde cesa en diez partes tu hermosura...”, al melancólico “Yo te agradezco la intención, hermana,/la buena voluntad con que me asiste/tu alegría ejemplar; pero, desiste/por Dios: hoy no me abras la ventana”, y también al provocativo “Te me mueres de casta y de sencilla”, y al insinuante “Me tiraste un limón, y tan amargo,..”, a su “Rosario, dinamitera”, y también al fraternal “Me llamo barro aunque Miguel me llame...”, y también, y también...
Leímos a los tres grandes poetas hasta construir pequeñas autobiografías machadianas, canciones lorquianas, sonetos hernandianos; hasta la admiración, la imitación, la adoración; nos los pasábamos entre algunos iniciados como consigna política, cultural, estética, y hasta de seducción ante beldades juveniles que no resistirían la potencia bélica, amorosa, y el encanto de esas voces inéditas.
...
Había nacido Miguel Hernández un 30 de octubre de 1910 en Orihuela, un pueblo de Alicante. Hijo de campesinos pobres, estudió escolarmente sólo dos años y luego fue para siempre autodidacta, porque desde muy niño se dedicó a apacentar el rebaño de cabras familiar. Se educó en y con la naturaleza, en el canto de las aves de su tierra, en el silencio de los soles y las lluvias finas, y en una religiosidad que marca sus primeros años y, también y especialmente, en la lectura precoz de Lope de Vega, Calderón, Góngora y Quevedo.
Empezó, pronto, a llamar la atención de sus vecinos, intelectuales y escritores de la región. Gracias a su amistad con Ramón Sijé, éste le publica poemas en su revista El gallo crisis y prologa su primer libro Perito en lunas. Pero enseguida lo deja solo por la muerte (tiene Sijé 22 años apenas) y da motivo a la famosa y cálida “Elegía” de Miguel: “En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería”. Se enamora, por entonces, de quien será la gran pasión de su vida: Josefina Manresa. Y escribe algunos de los más poderosos y bellos poemas de amor que se hayan escrito, en todos los tiempos, en la lengua española. Son los sonetos de El rayo que no cesa (1936) que iba a llamarse primero El silbo vulnerado.
Va por primera vez a Madrid; José Bergamín le publica en su revista Cruz y raya el auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve; aparecen entrevistas en otras publicaciones. Tienen lugar allí las reuniones de jóvenes escritores entusiasmados por el fervor revolucionario que recorre España. Así lo describe, por la época, otro enorme poeta español, Vicente Aleixandre (quien será, con toda justicia, Premio Nobel de Literatura en 1977): “Calzaba entonces alpargatas, no sólo por su limpia pobreza, sino porque era el calzado natural a que su pie se acostumbró de chiquillo y que él recuperaba en cuanto la estación madrileña se lo consentía. Llegaba en mangas de camisa, sin corbata ni cuello... Unos ojos azules, como dos piedras lindas, sobre las cuales el agua hubiese pasado durante años, brillaban en la faz térrea, arcilla pura, donde la dentadura blanca, blanquísima, contrastaba con violencia, como efectivamente una irrupción de espuma sobre una tierra ocre”.
Pero estalla la sublevación militar en julio de 1936 y toda esa intelectualidad se pone al servicio de la República. Miguel se alista en el Quinto Regimiento y va inmediatamente a parar el fuego en Guadalajara y en Extremadura. Y en 1937 sale su libro, editado por el Socorro Rojo Internacional, Viento del Pueblo.
Hacia abril de 1939, perdida ya la guerra y comenzada la dispersión española, busca refugio en Sevilla y luego en Huelva. De la prisión en la que caerá, entregado por el gobierno dictatorial de António de Oliveira Salazar cuando intentaba entrar en Portugal, lo sacarán poco después amigos solidarios que andan en esa hora por París, y la gestión de Pablo Neruda con el cardenal de la ciudad (a quien conmueve la lectura de aquel auto sacramental de Miguel y sus primeras piezas poéticas religiosas). Aunque otra vez en Orihuela, adonde vuelve desoyendo todo consejo, es definitivamente prendido y pasado de prisión en prisión (fichado como “escritor y poeta de la revolución”), hasta el agravamiento de su tuberculosis y la temprana muerte.
Dejó muchísimas piezas inéditas, algunas conocidas en la recopilación Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) (publicadas, si no me engaño, por primera vez en el idioma, aquí en Buenos Aires, por Editorial Lautaro, en 1958) y poemas que irán apareciendo póstumamente, como el magnífico “Hijo de la luz y de la sombra”. Unió a una vida harto difícil y combativa, a una lucha ejemplar, el trabajo de muchísimos poemas que cuentan entre los más bellos de la lengua, cuya lectura sigue aún estremeciendo a multitud de jóvenes y no tan jóvenes.

lunes

Artículo para Reflexión: Grandes invenciones de la humanidad

Por Eduardo Galeano
La puerta giratoria
La puerta que gira fue inventada en Berlín, en 1881, para evitar el frío, el viento, la nieve, el polvo y el ruido.
Más de dos siglos después, sirve también para circular, gira que te gira, entre los negocios, la política y la guerra.
Algunos casos más o menos recientes, en los Estados Unidos:
Robert McNamara encabezó la empresa Ford, donde hizo lo que pudo contra la naturaleza y contra los peatones distraídos, hasta que un giro de puerta lo lanzó a dirigir la matanza de Vietnam, durante unos cuantos años, y culminó su carrera exterminando países desde el Banco Mundial;
Donald Rumsfeld fue jefe de gabinete del gobierno de los Estados Unidos, desde allí la puerta giratoria lo arrojó a una fábrica de Monsanto, la serial killer multinacional, donde legalizó venenos que habían sido prohibidos, hasta que la puerta giró nuevamente y apareció conduciendo la guerra de conquista del petróleo de Irak;
Dick Cheney encabezó el Pentágono en el gobierno de Bush Padre y regaló jugosos contratos militares a su empresa Halliburton, y de ahí pasó al gobierno de Bush Hijo, donde se ocupó de la demolición y la reconstrucción de Irak en beneficio de Halliburton, siempre en el centro de su generoso corazón.
Y el vaivén de la puerta no paró.
A mediados del año 2009, el presidente Obama colocó a Michael Taylor a la cabeza del organismo público que controla los alimentos y los medicamentos que se venden en el país. Taylor ya había trabajado allí. Había sido él quien dio el visto bueno a las hormonas transgénicas para vacas lecheras, que pueden producir cáncer, y había autorizado que esa leche se vendiera sin ninguna advertencia en el envase. Monsanto expresó su gratitud otorgando a Taylor el cargo de vicepresidente de la empresa.
El paraguas
Hace unos dos mil cuatrocientos años, los chinos usaban paraguas de varillas plegables.
El modelo no ha cambiado mucho, pero hay ciertos instrumentos, de uso más exclusivo, que se usan para atravesar las grandes tormentas históricas.
Esos paraguas extraordinarios salvaron a los altos ejecutivos que perdieron sus empleos, durante la crisis que está castigando al mundo.
En cifras redondas:
Robert Eaton, directivo de Chrysler, recibió un consuelo de ciento treinta millones de dólares;
Lee Raymond, de la petrolera Exxon, trescientos cincuenta millones de dólares;
Robert Nardelli, de la constructora Home Depot, doscientos diez millones;
Hank McKinnell, de la farmacéutica Pfizer, doscientos millones.
Lloyd Blankfein, de la financiera Goldman Sachs, no perdió su empleo, pero tuvo que reducir su salario anual, que era de unos cincuenta millones de dólares: lo que le quedó alcanzó para evitar que la crisis lo ahogara.
El semáforo
El primer semáforo funcionó, desde fines de 1868, frente al Parlamento británico.
En nuestro tiempo, otros semáforos, mucho más poderosos, dirigen el tráfico mundial.
En casi todos los países del norte, la luz roja impide la circulación de herbicidas, pesticidas y abonos químicos que contengan abamectina, acefato, carbofurano, cihexatina, endosulfato, forato, fosmet, lactofem, metamidofós, paraquate, parationa metílica, tiram y tricloform.
En casi todos los países del sur, la luz verde da la bienvenida a esos mismos agrotóxicos, venenosos para la salud humana, que los países del norte les venden.
¿Quién maneja los semáforos?
¿Quién gobierna a los gobiernos?
El ascensor
Según dicen, el primer ascensor fue un sillón con roldanas, que el gordísimo rey inglés Enrique VIII inventó, hace siglos, para evitar las escaleras del palacio.
Más modernos ascensores utilizó Silvio Berlusconi para subir hacia el poder absoluto en Italia.
En el año 1984, Bettino Craxi, socialista, presidente del Consejo de Ministros, firmó un decreto-ley que bendecía el monopolio de Berlusconi sobre la televisión privada.
Craxi lo había conocido en un crucero, donde Silvio animaba a los pasajeros con sus chistes y sus canciones. Atraído por su insuperable vulgaridad y su extraordinario mal gusto, Craxi le juró amistad eterna y eterna televisión.
La tele fue el principal ascensor de Berlusconi hacia el poder político. El fútbol también ayudó, desde que compró el club Milan y ganó varias torneos. Electo y reelecto varias veces por el voto popular, ejerció el gobierno de Italia y del Milan, se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo y en el campeón mundial de la impunidad, atravesó invicto una infinidad de procesos judiciales y no estuvo ni un solo día preso, mientras convertía sus vicios en admirables virtudes y sus estafas en hazañas dignas de aplauso.
El chivo expiatorio
Según antiguas tradiciones religiosas, un macho cabrío cargaba los pecados de todos y era castigado con la expulsión al desierto.
Esa invención ha servido y sigue sirviendo para descargar sobre espaldas ajenas la responsabilidad de nuestras desgracias y nuestras culpas.
Algunos pueblos, como por ejemplo los judíos y los gitanos, vienen trabajando de chivos expiatorios desde hace mucho tiempo.
A mediados del año 2008, la revista italiana Panorama, que pertenece a Berlusconi, tituló, en portada: Nacidos para robar.
Se refería a los gitanos; y según las encuestas, la opinión pública coincidía con este veredicto genético.
Poco antes, Alfredo Mantovano, viceministro del gobierno de Berlusconi, había desarrollado la idea, en la televisión de Berlusconi:
–Los gitanos son una etnia inclinada al robo y al secuestro de niños.
O sea: ladrones y, para peor, ladrones de niños.
La Justicia italiana no había comprobado la veracidad de ninguna denuncia de secuestro de niños por gitanos; pero ese detalle carecía de importancia.